Las malas decisiones de la Administración Trump pueden llevarse por delante los logros alcanzados en otra áreas, singularmente los del área de Salud Pública, comandada por R. F. Kennedy Jr.
Queridos amigos: en primer lugar, me quiero disculpar por el tono de esta pieza. Generalmente, procuro que los artículos que escribo broten desde la necesaria frialdad del análisis. Son artículos que requieren de un cierto sosiego, una cierta distancia emocional con el objeto del artículo, que permita al lector obtener, en la medida de lo posible, una cierta visión panorámica de las cuestiones presentadas. Sin embargo, hoy me va a ser imposible. Mientras preparaba mi próximo artículo, de título
"El Estado Judío", en referencia al libro de Theodor Herzl, el fundador del sionismo tal y como lo conocemos hoy, los acontecimientos se han precipitado, inhabilitándome para abordarlo con la profundidad que el tema requiere. Desde el jueves contengo el aliento, porque el lugar al que nos encaminamos por obra y gracia del pueblo elegido y sus portavoces, es absolutamente desconocido, terreno abonado a toda clase de profecías bíblicas y demás cosmogonías del Holocausto permanente. La huída hacia adelante de un Benjamín Netanyahu acosado por la corrupción y ungido por su propia miseria moral en eventual jinete del Apocalipsis, amenaza con arrastrarnos a todos a un lugar oscuro. Ni una semana ha pasado desde que publiqué
un artículo preguntándome sobre quién ostentaba el mando en los EEUU. Pues bien, hoy ya tenemos varias claves que despejan alguna duda. Suponemos que en EEUU manda el complejo militar, pero de lo que ya no nos cabe ninguna duda es de que Donald J. Trump no manda.