El 2 de mayo el ministro británico de Asuntos Exteriores, David Cameron, viajó a Kiev y no se mordió la lengua. Dijo que su gobierno apoyaba los ataques que las fuerzas ucranianas podrían llevar a cabo en suelo ruso utilizando armas británicas: "Ucrania tiene todo el derecho a tomar represalias contra Rusia. Ucrania tiene ese derecho", declaró, respondiendo a la petición de un periodista de que aclarara los ataques "dentro de Rusia".
Hasta entonces los diplomáticos occidentales siempre habían criticado, de puertas afuera, ese tipo de ataques que nada aportan a la victoria de Ucrania en la guerra y, sin embargo, pueden provocar una escalada.
Pero desde el primer minuto Rusia ha mantenido las riendas de la guerra en sus propios manos y, hasta ahora, no se ha dejado llevar por la retórica de sus adversarios ni tampoco por sus provocaciones, sobre todo cuando proceden de los bocazas y charlatanes que proliferan a las cancillerías occidentales.