Cada día hay en España asesinados o heridos por cuchillo. El «ataque con cuchillo» venía siendo la forma de ataque islamista, y ahora se generaliza. «Hombre muere acuchillado», «hombre acuchillado pierde medio brazo»... El titular ignora el quién, el de dónde, el porqué, y se centra en el cómo o más bien en el con qué, como si de repente ya no matara el hombre sino el cuchillo. Del Heteropatriarcado hemos pasado al misterioso Cuchillado.

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Alcanzamos un punto borgiano, cuando Borges decía «El puñal que anoche mató un hombre en Tacuarembó y los puñales que mataron a César. Quiere matar, quiere derramar brusca sangre». Los cuchillos toman vida con él, son ellos los que atacan. Los
cuchillos borgianos llegan a tener rencor, a ansiar la sangre, a albergar rencores humanos. «Interminablemente sueña el puñal con su sencillo sueño de tigre». Es el cuchillo el que incita, el que quiere matar, el alevoso, el culpable.
Comentario: ¿Tan indignante cómo utilizar esas armas para atacar a la indefensa población de Gaza?