Traducido por el equipo de Sott.net

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"La conversación más incomprensible procede de personas que no tienen otro uso para el lenguaje que el de hacerse entender".
Karl Kraus, Half-Truths & One-and-a-Half Truths.
Cosas, posesiones, la vida pagando a plazos o con tarjeta de crédito. Es la época de comprar, de acumular más parafernalia, de regalar cosas a los hijos y a los demás, lo que nos gusta creer que traerá alegría.
Es una apariencia, por supuesto, una mentira adulta conjurada a partir de la culpa y el miedo a que nuestras vidas, las historias que vivimos, las historias que soñamos y las que nos sueñan, no sean lo suficientemente significativas como para proporcionar a nuestros hijos y a nosotros mismos la alegría que decimos buscar.
Impulsados por un puro sentimiento de culpa desprovisto de cualquier sentido de redención dentro de una cultura materialista capitalista,
compramos y compramos, acumulamos y acumulamos, con la vana esperanza de que esos "regalos" tangibles nos aporten una magia que podamos poseer. Nuestro intercambio de regalos es una parodia que la cultura consumista hace del verdadero significado de un regalo: que los regalos se dan para ser regalados, para ser pasados de mano en mano, como la pipa de la paz de las tribus indígenas americanas.
Como escribe Lewis Hyde en su extraordinario libro
The Gift: Imagination and the Erotic Life of Property:
...un regalo que no se puede regalar deja de ser un regalo. El espíritu de un regalo es su constante donación".
Lo que recibimos, en el mundo interior y en el exterior, debe compartirse, dejarse circular. Pero nos gusta poseer, detener el flujo. Como resultado, nos hemos atascado, nos hemos convertido en "personas selfies" que no pueden entender que poseer es ser poseído.
Parar, posar, hacer clic. ¡Entendido!
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