Los efectos colaterales de la crisis energética derivada de las sanciones impuestas por la Unión Europea a Rusia, en el marco de la guerra de Ucrania, no están sacudiendo solo a la economía del viejo continente, empujado por los EEUU a un enfrentamiento del que sólo parece estar siendo beneficiado el Tio Sam, sino que está generando un auténtico tsunami político que, como en un efecto dominó, está haciendo caer los gobiernos de los países europeos, de tal modo que cabe preguntar cual será el siguiente.
En julio dimitía la primera ministra de Estonia, la conservadora Kaja Kallas, tras una crisis de gobierno con sus socios de coalición, que destacaba, entre los logros de su ejecutivo: "invertimos miles de millones de euros en fortalecer las capacidades de defensa de Estonia, logramos un fortalecimiento del flanco oriental de la OTAN y hemos sido uno de los principales apoyos de Ucrania".
Ese mismo mes dimitía otro de los incondicionales apoyos a Kiev, el primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson, tras una rebelión de miembros de su propio gobierno, y en su discurso de despedida señaló: "Es un momento duro para la economía, y para las familias de todo el país, pero podemos y lograremos salir de esto más fuertes." Algo que para la depauperada clase obrera británica no ofrece ninguna esperanza, dada la oleada de huelgas que la crisis de precios ha desencadenado el el Reino Unido.
Comentario: También hay que considerar que la política social de estados como California se encuentra en manos de los demócratas en EEUU., la cual se disfraza de compasión pero culmina con este tipo de colapso social.