Somos más bacterias que humanos y la mayoría de nuestras enfermedades parecen estar ligadas a cambios en el ecosistema que conforman miles de millones de microorganismos que viven dentro de nuestro cuerpo.
© Ken Orvidas
Hay una cierta moda entre microbiólogos: decir que son sólo 10% humanos y 90% bacterias, virus, fungi y otros microorganismos. Como sabemos los científicos no gustan mucho de las metáforas, y aunque esto se toma un poco en broma, es una sentencia basada en la evidencia. Sí, somos menos humanos que microbiota - también bacteriófagos, protistas, archaea, etc., para incluir a otros miembros de esta fauna ignota, que es como la materia oscura de la biología. Reconocer esto nos coloca en un súbito vértigo ontológico, que en un principio nos podría alienar un poco dentro de nuestro cuerpo - ese pequeño universo - y colocarnos en una crisis de identidad, pero que pensándolo bien nos permite concebir nuestro ser como algo más amplio, diverso e interconectado.
Se calcula que el ser humano está formado por 100 billones de células de microbios, 90% del total de nuestro material biológico. Esta profusa selva microscópica - que compone entre 3 y 5 millones de genes, más de 90% de nuestros genes totales - es lo que se conoce como el microbioma humano, es decir el ecosistema interno que conformamos humanos y microorganismos. El microbioma es considerado un segundo genoma o un nuevo órgano, ya que fue descubierto hasta los años 90. Los humanos y los microorganismos, mayormente bacterias, hemos evolucionado juntos por milenios, ora en relación de mutualismo, ora en parasitismo.
Lo que es seguro es que necesitamos de muchas de las miles de especies que se pueden encontrar fundamentalmente en el intestino humano (aunque también en la piel y en el tracto urogenital); el microbioma es nuestra íntima pareja (somos internamente poligámicos), hasta que la muerte nos separe.
Nuestro microbioma, trabajando estrechamente con nuestro sistema inmune es lo que nos protege de todo tipo de patógenos invasores y nos permite tolerar las diferentes moléculas que consumimos en la comida o que respiramos (como el polen).
No sólo es parte de nuestra "Secretaría de Defensa", es también parte de nuestros "Servicios Diplomáticos", ya que un microbioma diverso es clave para evitar una excesiva respuesta, un estado beligerante constante que se traduce en un estado inflamatorio.
Comentario: También hay médicos que solo saben recetar medicaciones, y las regalan como si fuesen caramelos. Lo más importante de todo es saber lo que uno está tomando, y no tomar un medicamento a ciegas. Si hay efectos secundarios, y todos los tienen, hay que sopesarlos y utilizar esto que se llama materia gris, que ayuda a tomar decisiones con sentido común.
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