La etiqueta de «negacionista» es ya una realidad, y se ha convertido en el adjetivo preferido de cualquiera que se oponga a un cuestionamiento del relato oficial. Al comienzo de la llamada «pandemia» y de los confinamientos, cuando había únicamente una única versión sobre lo que ocurría, fue necesario investigar un poco para encontrar otras hipótesis científicas.
«Si estás en mi contra, ¡estás en contra de la ciencia!»Esta frase, atribuida al Fernando Simón norteamericano Anthony Fauci, refleja a la perfección el dogma de fe que hay que ejercer para aceptar el relato oficial de los acontecimientos. Hay que partir que lo que es o no es «ciencia» no ha sido nunca algo pacífico, y ha sido objeto de intensos debates, puesto que a medida que surgen los nuevos descubrimientos, es evidente que dejan a un lado a la «vieja ciencia» para dar paso a la «nueva ciencia».
Ahora bien, y apuntando a que existen recursos más que suficientes como para comprobar que algo no anda bien en el relato oficial, existe en España una cierta unanimidad en etiquetar como un peligro a quien cuestione ese relato, y todo porque probablemente la «ciencia» se ha convertido realmente más en una religión que en un esfuerzo sistemático (y por su naturaleza, controvertido) para descubrir la dialéctica natural. Las religiones son precisamente eso, un dogma de fe, lo que significa que tienen reglas que no deben cuestionarse.
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