Además de su pertenencia umbilical al amplio territorio digital mundial, el software libre se generó un sólido puerto de anclaje, casi una patria "adoptiva" en tierras latinoamericanas. Esta metáfora, lejos de ser una exageración chauvinista, es bastante realista para ilustrar la particular fecundidad que viene aumentando desde hace unos veinte años entre el movimiento del software libre y las transformaciones sociales en curso en el continente sudamericano.

Tal como sucede en otras regiones del mundo, el movimiento "librista" regional se asemeja a una vía láctea de iniciativas diseminadas y multisectoriales, poco sistematizadas y estudiadas, en la cual no hay ni confederación regional ni conducción centralizada ni verdadera organicidad de conjunto. Sus identidades, al igual que sus afinidades ideológicas y organizacionales, son muy diversas y a veces hasta antagónicas. Sin embargo, existe una cohesión que radica en una fuerte afinidad con los principios éticos del software libre y de su
modus operandi. En efecto, éstos valorizan la acción directa en redes, acción que en las últimas dos décadas en América Latina se unió a la aspiración central de intensificar el vínculo social y hasta de resignificarlo
según una lógica inclusiva e igualitaria.Desarrollar el software libre,
es decir la inteligencia colaborativa puesta al servicio del acceso universal y soberano a los recursos informáticos,
significa implementar modalidades comunes para compartir, crear comunidades de activistas y usuarios y promiscuidades horizontales con múltiples esferas socioprofesionales. ¿Basta con eso para convertirlo en un verdadero movimiento continental? No necesariamente. Pero más allá de las categorías perceptibles, lo importante es darse cuenta de la fecundidad del proceso que sostiene a esa vía láctea regional y poder dibujar sus constelaciones más significativas.
Comentario: Sin embargo, los inuit también gozaron durante mucho tiempo de una excelente salud: