La guerra financiera ha trepado un escalón tan significativo, que puede ser el banderazo de un desastre de magnitud desconocida para todo el planeta.
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Un recuento: el resultado más estridente de la "cumbre" de Bruselas de los pasados 8 y 9 de diciembre, fue
el autoaislamiento de Gran Bretaña, respecto de la Unión Europea (UE). Entre los acuerdos para una "nueva" Europa, está tener una "cumbre" cada mes para seguir el desarrollo de los acontecimientos y gestionar la creación de los nuevos tratados. Serán cumbres borrascosas.
Los gestos falsos expresados en inverosímiles declaraciones entre Cameron y Merkel de que se necesitan mutuamente, que siguieron a la "cumbre" de Bruselas, no ocultan que detrás del premier británico, está la City, y detrás o junto a ella, Wall Street. Parece truculento, pero los hechos de fondo parecen mostrar el avieso
propósito de la City y Wall Street de acabar con la eurozona a la brevedad. Los gobernantes de los 17 miembros de la eurozona, por su parte, son sus mejores aliados: al tiempo que hacen un gesto de "independencia" frente a Wall Street y la City,
cooperan a su propio derrumbe mediante sus nuevos tratados y políticas.
Lejos de avanzar en acuerdos para todos convenientes, ha comenzado una guerra financiera a la luz del día. La primera bomba de fragmentación la lanzó la agencia de calificación Standard & Poor's (S&P) que, antes de que iniciara la "cumbre" de Bruselas, advirtió a la zona euro de una perspectiva negativa, amenazándoles con perder la calidad crediticia máxima de "triple A"; y esta vez no se refería solamente a la periferia "derrochadora del sur", sino que incluía a Francia y Alemania, núcleo duro de la UE y de la eurozona.