Cada vez más expertos en inversión declaran que hay una burbuja del oro: un activo demencialmente sobrevaluado y, como se demostró el viernes, cuyo precio puede desmoronarse en cualquier momento.
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No hay fundamentos para tal afirmación. Y comprender por qué puede ayudar a esclarecer la mente de un inversionista acerca de mercados frenéticos.
Ciertamente, el oro parece caro. Aunque su precio se desplomó el viernes a US$1.630 por onza, el oro no está demasiado lejos de su récord de US$1.912, registrado el 6 de septiembre (no ajustado a la inflación).
El oro ha subido más de 40% en el último año, en gran parte debido a temores de que el papel moneda, como el dólar, no conserve su valor.
Pero eso no significa que está sobrevaluado. A diferencia de los bonos, que proveen ingresos por intereses, y las acciones, que producen dividendos y crecimiento de ganancias, el oro no genera flujos de caja. Como me dijo hace poco John C. Bogle, fundador de los fondos Vanguard, el oro "no tiene una tasa interna de retorno". Por ende, no hay una manera confiable de saber cuánto vale.
Por ello, la gente que dice que el oro está en una burbuja bien podría estar en lo cierto. Pero las personas que creen que el oro enfila hacia US$2.500, US$5.000 o US$10.000 también podrían tener razón.