Traducido por el equipo de SOTT.netAunque se siente más a gusto en el campo de golf que en el Golfo Pérsico, Donald Trump había presentado inicialmente la guerra contra Irán como una «pequeña excursión». Poco dado a la paciencia estratégica, quería resultados rápidos. Los objetivos originales eran la caída del régimen islámico y la destrucción total de su capacidad militar. Ahora, cuatro semanas después del inicio de las hostilidades, nada de eso se ha cumplido.

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Los iraníes han tomado el control del estrecho de Ormuz, y su costa (que se extiende a lo largo de 1600 kilómetros) está repleta de misiles, drones y lanchas rápidas militares. Los hutíes de Yemen amenazan con cerrar a su vez el estrecho de Bab-el-Mandeb, que bloquea el acceso al mar Rojo. En el Líbano, donde un millón de personas se han visto desplazadas (uno de cada diez habitantes), los israelíes no ocultan su intención de ocupar militarmente el sur del país hasta el río Litani. El precio del crudo ha superado los 100 dólares por barril, una subida de la que Vladímir Putin es el principal beneficiario. Los países europeos, a los que la Comisión Europea obligó a prescindir de los hidrocarburos rusos, se enfrentan ahora a una escasez de gas y petróleo que está provocando una subida vertiginosa de los precios de la gasolina en las gasolineras.
Aunque grave y duraderamente debilitados por los bombardeos masivos que han soportado,
los iraníes no han cedido, sino todo lo contrario. Lo que hemos presenciado es una escalada que se asemeja mucho a una carrera desenfrenada. Los movimientos militares estadounidense-israelíes, las declaraciones contradictorias de la Casa Blanca, los continuos ataques iraníes, la desestabilización de los mercados energéticos, el anuncio de una invasión terrestre (¿fuerzas especiales?), todo ello esboza un escenario cuyas consecuencias nadie puede prever, pero que evoca las «crisis del petróleo» de 1974 y 1979: crisis económica y financiera, recesión mundial.
Estados Unidos, que esperaba una victoria relámpago, ya no sabe cómo salir de este avispero. Los iraníes, que se suponía que iban a derrumbarse en cuestión de días, tienen la iniciativa en todos los frentes.
El balance de la Operación «Furia Épica» es un desastre.
Comentario: Si no hubiera sido por la injerencia de EE.UU., Taiwán y China se habrían reunificado hace mucho tiempo.