
© Desconocido
Los habitantes de las aldeas que rodean el monte del volcán Bulusan temen más a una reubicación obligada en otras tierras del este de Filipinas que a la constante amenaza de las erupciones con toda su carga de cenizas y lava.
En la localidad de Irosin y en el resto de las que parchean la ladera del Bulusan nadie quiere oír hablar de mudarse a vivir a los emplazamientos propuestos por las autoridades locales, y dejar atrás las humildes casas y huertas.
"Aquí tenemos nuestro hogar y un medio de vida. Si nos vamos, deberemos volver a empezar, construir una nueva vivienda, y no tendremos con qué ganarnos la vida. Prefiero quedarme, aunque aquí viva siempre con miedo", dice Jesús Enverga, un agricultor de 51 años.
Victoria Alcayo, de 60 años y vecina de Irosin, relata que rompió a llorar el pasado lunes cuando el volcán comenzó a rugir y no paró hasta 19 minutos después de haber expulsado una columna de vapor y ceniza de 3 kilómetros de altura, que sumió al pueblo en una oscuridad casi absoluta.
Comentario: Como se aprecia en el artículo, David Barnes no concluye fehacientemente que el crecimiento de los briozoarios se produzca necesariamente por el cambio climático, aunque sí se plantea como una solución para contrarrestar las "emisiones industriales de dióxido de carbono en la atmósfera". Obviamente, no podemos estar de acuerdo con esa última aseveración, pero la información acerca de que los briozoarios han "comenzado a absorber más carbono en las últimas décadas", nos parece interesante de destacar por su presunta relación con el cambio climático.