Traducido por el equipo de SOTT.netCuando la famosa podcaster estadounidense Candace Owens denunció públicamente que se estaba tramando un complot de asesinato francés sancionado por el Estado (en el que participaba al menos un agente israelí), la mayoría lo habría descartado como un truco publicitario o desvaríos paranoicos. Sin embargo, para cualquiera que conozca la oscura historia de las alianzas multinacionales de inteligencia, su afirmación no debería descartarse tan fácilmente.En 1976,
el Safari Club, dirigido desde salas secretas en El Cairo y formado por veteranos de la Legión Extranjera Francesa, comandos egipcios Sa'ka, agentes israelíes, agentes de la CIA y otros delincuentes, demostró al mundo que los Estados podían colaborar más allá de las fronteras, las leyes y el escrutinio. Por muy poco probada que pueda parecer la acusación de Owens, los antecedentes históricos de este tipo de actividades clandestinas hacen que esta historia no solo sea imaginable, sino muy posible. Y es por eso que l
a acusación de Owens, por descabellada que pueda parecer, encaja perfectamente en un terreno encubierto moldeado por décadas de actividades clandestinas llevadas a cabo por un consorcio capaz de operar a través de las fronteras y más allá de la supervisión. Para entender por qué su reciente afirmación no se disipó al impactar, hay que comprender la arquitectura secreta de construcciones de inteligencia paralelas como el Safari Club y la larga sombra que aún proyecta.
Cuando Candace Owens afirmó en
X que un «alto cargo del Gobierno francés» le había advertido de un complot inminente para asesinarla, alegando que el presidente Emmanuel Macron y su esposa Brigitte habían «autorizado y financiado» la operación, asignándola a un pequeño equipo del Grupo Nacional de Intervención de la Gendarmería (
GIGN) que incluía a un agente israelí. También sugirió que «el asesino de Charlie Kirk se entrenó con la
13.ª brigada de la Legión Francesa con la participación de varios estados». La afirmación parecía pertenecer al ámbito de las novelas de conspiraciones, y sin embargo, a medida que la acusación se difundía por las redes sociales, ocurrió algo inusual: la gente no se rió instintivamente. Algunos la descartaron, sí. Pero muchos dudaron, se detuvieron o admitieron en silencio que, dadas las circunstancias adecuadas y la red adecuada de agentes encubiertos, tal complot no parecía del todo imposible.
Comentario: «Una casa dividida contra sí misma no puede permanecer en pie» (Abraham Lincoln).