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sab, 18 nov 2017
El Mundo para la Gente que Piensa

La Ciencia del Espíritu
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Butterfly

No podremos elegir nuestras emociones, pero sí qué hacer con ellas

Experimentar envidia, rabia, tristeza o ira es tan natural como respirar. Existen determinadas emociones que son inherentes a la condición humana, aunque en algunas ocasiones nos avergüence experimentarlas. Rechazar o no saber expresarlas puede llevarnos a situaciones de ansiedad muy elevada.

© Desconocido
Querer controlar lo que sentimos en todo momento es una batalla perdida de antemano por mucho que nos empeñemos. Aunque bien es cierto que hay que tener cuidado con aquello que hacemos y decimos cuando estamos bajo los efectos de una emoción porque eso si es nuestra responsabilidad.

Así, barajar la posibilidad de que no todo va a suceder como esperamos es una buena idea para no frustrarnos y dejarnos invadir por el malestar, en lugar de enfadarnos o deprimirnos por lo que escapa a nuestro control. De esta última forma, solo perdemos energía y tiempo. Como vemos, la buena noticia es que aunque no podamos controlar las emociones que sentimos, si podemos controlar qué hacer con ellas. Profundicemos.

Comentario: Asimismo, recomendamos ampliamente el siguiente artículo: 'ACT FAST': El método para cambiar su estado emocional cuando se sienta fuera de control

Vea también:


Rose

Aprendizaje emocional en el niño

Tradicionalmente, la educación se centró demasiado en el aspecto cognitivo, dejando al margen todo lo referente a las emociones hasta que, a partir de la década de los noventa, surgió una revolución reivindicativa de lo emocional, ya no sólo en la psicología sino también en otros ámbitos como el educacional, comunitario o social.

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Los niños y las emociones

Desde su nacimiento, nos preocupamos por el bienestar de los niños y satisfacemos sus necesidades en lo referente a alimentación, higiene y cariño entre otras muchas. Más adelante, conforme van creciendo, les vamos enseñando a ser autónomos en lo referente a sus estudios, aseo personal, relación con los demás y, en suma, facilitamos su plena integración al medio social al que pertenecen.

No obstante, es frecuente que de todos los ámbitos que abarca el desarrollo de los niños, prestemos poca atención al que, tal vez, sea el más importante: sus emociones.

Se suele enfatizar en inculcar al niño los formalismos sociales, transmitiéndoles las enseñanzas que recibimos a su vez de nuestros progenitores y olvidando -también dificultando- que los niños se desarrollen plena y globalmente para que consigan ser autónomos, independientes y felices en el futuro.

Una de las principales funciones de las emociones en el desarrollo del ser humano es intervenir favorablemente en la transición desde la infancia a una adultez feliz y en perfecta armonía.

No poder expresar ni autorregular las emociones de un modo adecuado es uno de los principales problemas que afectan a la sociedad, debido a que si la represión de las emociones se prolonga en el tiempo, repercutirá a la larga en el equilibrio del individuo consigo mismo y con el entorno con el que convive.

Comentario: La gestión emocional comienza por tomar conciencia de las mismas y "ponerles un nombre" para así poder reconocerlas, aprender a comprender lo que nos están manifestando y poder dirigirlas de una manera que sea benéfica tanto para uno mismo como para los demás. Permitir que el niño desarrolle esta conciencia de sus propias emociones y aprenda a expresarlas de manera saludable es, sin duda, algo que lo ayudará a gestionarse mejor una vez haya alcanzado la adultez. Asimismo, si uno trabaja con niños o tiene hijos, cabe recordar que ellos aprenden con nuestro ejemplo, por lo que aprender esto nosotros mismos puede ser una de las mejores maneras de transmitírselo a los niños.

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Brick Wall

5 mentiras que te mantienen atrapado en tu zona de confort

A un rey le obsequiaron dos pichones de halcón. Este, los entregó inmediatamente al maestro de cetrería para que los entrenara. Después de varios meses, el instructor le comunicó al rey que uno de los halcones estaba bien educado, pero no sabía qué le pasaba al otro. Desde que había llegado al palacio, no se había movido de la rama, incluso había que llevarle el alimento.

El rey mandó llamar a sanadores y curanderos pero ninguno pudo lograr que el ave volara. Desesperado, hizo público un edicto en el que proclamaba una recompensa para aquel que hiciera volar al halcón. A la mañana siguiente, el rey vio al ave volando en sus jardines.

- Traedme al autor de este milagro.

Ante el rey apareció un campesino. El rey le preguntó:

- ¿Cómo lograste que el halcón volara? ¿Acaso eres mago?

- No fue muy difícil - explicó sonriendo el hombre. - Tan solo corté la rama. En ese momento al ave no le quedó otra alternativa que echar a volar.
Esta fábula nos enseña que a veces es necesario quedarse en la rama para recuperar fuerzas, pero si nos quedamos en la zona de confort durante mucho tiempo, nunca sabremos cuán lejos habríamos sido capaces de llegar. Por eso, necesitamos expandir cada vez más nuestra zona de confort.

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Bulb

El pensamiento crítico es muy importante para tomar buenas decisiones

¿Qué habilidades son más importantes para tomar buenas decisiones: la inteligencia o el pensamiento crítico? Probablemente conozcas gente muy inteligente cuyo proceso de toma de decisiones deja mucho que desear. Un nuevo artículo publicado en el journal Thinking Skills and Creativity (Habilidades del pensamiento y Creatividad) examina la utilidad del CI y las habilidades del pensamiento crítico para tomar decisiones efectivas.

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Aunque el CI se considera una medida de nuestras capacidades cognitivas, algunos investigadores dicen que el "pensamiento crítico" es una habilidad separada de éste. Para averiguar si el pensamiento crítico podría ser importante para conseguir buenos resultados en la vida real, Heather Butler de la Universidad Estatal de California y sus colegas les pidieron a 244 individuos (estudiantes y adultos reclutados online) que completaran tests que pretendían medir su CI y sus habilidades de pensamiento crítico.

Comentario: Quizás esto tenga que ver con la habilidad de reconocer nuestros propios sesgos cognitivos y utilizar más nuestra capacidad de reflexión a la hora tomar decisiones.

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Hiliter

Un ejercicio de escritura podría ser la mejor forma para lograr el futuro que quieres

Escribir puede sanar el pasado, identificar nuestro estado actual (virtudes y defectos) y crear un orden para trazar un sendero factible hacia el futuro, según ha descubierto el doctor Jordan Peterson.

© Jonathan Kim (Flickr)
Muchos de nosotros pasamos grandes cantidades de tiempo pensando en el futuro, con miedo y esperanza. Este tiempo y energía que dedicamos a proyectar nuestro futuro cavilando podría ser mejor empleado si escribimos de manera ordenada lo que queremos, según ha demostrado el trabajo del doctor Jordan Peterson.

Peterson, quien defiende el poder de la escritura para ordenar el pensamiento y aclarar el sentido de nuestra vida, dice que "el acto de escribir es más poderoso de lo que se piensa". Junto con un grupo de profesores e investigadores, ha creado un programa de escritura dirigido a estudiantes que quieren maximizar su tiempo universitario y aclarar sus prospectos de vida.

Comentario: Asimismo, recomendamos leer también: Para conocer más acerca del trabajo de Jordan Peterson, recomendamos los siguientes artículos:


Butterfly

Somos mucho más que nuestras cicatrices

"Tú no eres tus años.Ni la talla que llevas.No eres tu peso.O el color de tu pelo.No eres tu nombre. O los hoyuelos en tus mejillas. Eres todos los libros que has leído. Y todas las palabras que dices. Eres tu voz soñolienta en la mañana. Y las sonrisas que intentas ocultar. Eres la dulzura de tu risa. Y cada lágrima derramada. Eres las canciones que gritas tan fuerte, cuando sabes que estás completamente sola. Eres también los lugares donde fuiste; y el único que (realmente) llamas casa. Eres todo en lo que crees. Y las personas a quien quieres. Eres las fotografías de tu habitación. Y el futuro que pintas. Estás hecha de tanta belleza... Pero tal vez todo esto se te escapa. Desde cuando decidiste ser... Todo lo que no eres". - Ernest Hemingway -
Estas preciosas palabras del escritor Ernest Hemingway nos recuerdan una verdad que olvidamos demasiado a menudo: somos mucho más que nuestras cicatrices, que ese pasado que arrastramos como si fuera un fardo pesado. Somos todo lo que éramos antes de que decidiéramos capitular.

Bullseye

Proponerse metas es toda una ciencia, te damos consejos para aprenderla

Cada nuevo comienzo nos inspira a proponernos metas personales (antiguas o nuevas) que anhelamos fervorosamente alcanzar... al menos durante esos cinco minutos en que nos colma el entusiasmo de empezar "con el pie derecho", y durante los cuales estamos seguros de que (¡esta vez sí!) lo vamos a lograr (aunque el año pasado hayamos abandonado un par de semanas después de tomar la decisión).

Pero, ¿y si esta vez pudiera ser realmente distinta?
Las investigaciones muestran que cuando las personas deciden cambiar, inmediatamente se siente más seguras, en control y optimistas. El problema se presenta cuando son víctimas del "síndrome de la falsa esperanza", sostiene Kelly McGonigal, psicóloga de la Universidad de Stanford, conferencista en la Escuela de Graduados de Negocios y profesora en el Centro de Investigación sobre Compasión y Altruismo de la Universidad de Stanford.

El "síndrome de la falsa esperanza" es un término utilizado por los psicólogos para describir el ciclo de: 1) prometer cambiar, 2) sorprenderse por lo difícil que es, y 3) rendirse. Y todo porque el proceso real de cambio no provee el mismo empujón emocional que la resolución inicial.

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Rose

Soltar el control: la clave de la felicidad y la fortaleza psicológica, según estoicos

Chismes, ataques gratuitos, despidos, asaltos, rupturas amorosas, son acciones que pueden afectarnos psicoemocionalmente y que, más allá de encargarnos de regular nuestras emociones, no podemos hacer nada para mejorar la situación. Sin embargo, parecería casi imposible no dejar de sentir frustración, enojo e incluso coraje en contra de las personas que están haciéndonos sentir mal con nosotros mismos.

© Desconocido
Para enfrentar esta situación, los estoicos, en especial el filósofo Epicteto solían decir por aquella época del siglo II, en el entonces Nicopolis -oeste de Grecia-, que sólo somos responsables de nuestras palabras, conductas, acciones, esfuerzos, errores, ideas y consecuencias de todo lo anterior; lo demás de los demás, no son nuestra responsabilidad y por tanto no estamos obligados a reaccionar al respecto. Según él, es fundamental entender la diferencia entre lo que es y lo que no es responsabilidad de uno y actuar en función de ello, para convertirse en un ser psicológicamente invencible, capaz de sobreponerse ante las altas y bajas de la fortuna.

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Boat

Fuimos hechos para estos tiempos

Traducción por SOTT.net

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Amigo mío, no te desanimes. Fuimos hechos para estos tiempos. Recientemente he escuchado que muchos están profunda y correctamente desconcertados. Están preocupados por el estado de las cosas en nuestro mundo actual. La nuestra es una época de asombro casi a diario y de rabia a menudo justificada debida a las últimas degradaciones de lo que más importa a las personas más visionarias y civilizadas.

Tienes razón en tus evaluaciones. El lustre y la arrogancia a los que algunos han aspirado a la vez que apoyan actos tan atroces contra los niños, los ancianos, la gente común, los pobres, el descuido, el abandono, es impresionante. Sin embargo, te ruego, te pido, a ti gentil, que por favor no dejes que tu espíritu se seque lamentando estos tiempos difíciles. Sobre todo no pierdas la esperanza. Más particularmente, ya que, el hecho es que fuimos hechos para estos tiempos. Sí. Durante años, hemos estado aprendiendo, practicando, [hemos] estado entrenando y a la espera de reunirnos en este exacto plano de compromiso.

Rose

La inteligencia incomprendida de las emociones

Aunque tendemos a ignorar o "superar" nuestras emociones, ellas son una valiosa fuente de información acerca de quiénes somos y qué necesitamos.

© Desconocido
Las emociones son nuestras compañeras más cotidianas: enhebran, definen y pintan con múltiples tonos el paisaje de nuestros días. Pero como transparentan las expresiones que abren, le tememos a su influjo, imaginándolas como llamaradas incontrolables que nos esclavizan y nos roban de nuestra capacidad de responder libre y racionalmente.

No es de sorprender. Por siglos, la filosofía y la psicología han tendido a asociar las pasiones con "bajos impulsos", apetitos y reacciones irracionales y poco dignas de la civilización que supimos procurarnos. Esta actitud de desdén nos lleva a desoír lo que sentimos, particularmente cuando se trata de emociones aflictivas -mal llamadas "negativas"- como el miedo, el enojo, la culpa, la tristeza, la frustración, el agobio, la vergüenza, los celos, la envidia. Cada una de estas emociones tiene un mensaje que aportarnos, una información valiosa acerca de qué anhelamos, qué nos importa, qué necesitamos de los demás, qué reglas son importantes para nosotros, qué pérdidas nos duelen, qué afectos queremos preservar.

En la introducción a su magnífica obra "La sabiduría de las emociones", el psiquiatra argentino Norberto Levy señala:
"Del mismo modo que las luces del tablero de mandos del automóvil se encienden e indican que ha subido la temperatura o queda poco combustible, cada emoción es una luz de tonalidad específica que se enciende e indica que existe un problema a resolver".

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