La vida es un continuo discurrir de decisiones, algunas con implicaciones nimias, como la ropa con la que vestirse cada día o el plato de un menú; y otras que pueden modificar el sentido de nuestra existencia, como la elección de una carrera profesional, una pareja, un país de residencia, tener o no tener un hijo. En ocasiones incluso las decisiones más pequeñas pueden ser fuente de ansiedad para muchas personas.

© DesconocidoCarl Jung
Elecciones y circunstanciasAl momento de tomar una decisión nos puede preocupar las implicaciones éticas relacionadas, o lo que pueda pensar la gente de nosotros si realizamos determinada acción, las satisfacciones o responsabilidades que le rodeen. Muchas veces también, lo que nos puede incluso atormentar, es pensar que la opción que no tomemos resulte mejor de la que hemos optado, o que el hecho de decidirnos nos impida optar por algo mejor que pueda presentarse después (una pareja, un trabajo, una vivienda). En este último caso, se revierte el dicho de "mejor pájaro en mano que ciento volando" y se prefieren los cien pájaros volando que decidirse por algo, muchas veces por temor a asumir los compromisos que implica dicha decisión.
Además de ser un continuo discurrir de decisiones, nuestra vida se encuentra condicionada por múltiples circunstancias. Algunas de estas circunstancias nos anteceden, como la genética que nos aportan nuestros padres, las expectativas de ellos hacia nosotros, el contexto socioeconómico y de socialización en el que nos desenvolvemos. También se nos van presentando circunstancias a lo largo de la vida, muchas de las cuales no nos dan posibilidad de elección, sino que se nos presentan (enfermedades, oportunidades de empleo, encuentros, accidentes). Así que
vamos conviviendo entre lo que vamos eligiendo y lo que se nos va presentando.
Comentario: El concepto presentado en este artículo se asemeja a la idea de "los nombres de Dios" del sufismo, en el que existen varias manifestaciones de lo divino que, de cierta manera, llaman al individuo, quien responde al llamado mediante sus acciones. Estas manifestaciones de lo divino incluyen todo lo más alto y bello, así como lo más bajo y mórbido, pues lo divino no podría excluir ningún aspecto de nuestra realidad, según esta perspectiva. Si bien podríamos decir que estos "arquetipos" tienen una influencia en nosotros, también podríamos decir que nosotros tenemos la oportunidad de optar qué "nombre de Dios" queremos manifestar, al alinearnos con esas potencialidades mediante el esfuerzo de nuestras acciones y elecciones conscientes.
En el
Capítulo 8 - A dondequiera que mires, está la Cara de Dios, de la serie
La Onda, Laura Knight-Jadczyk escribe:
El gran Sufí Shaykh, Ibn al- 'Arabi escribió sobre estas mismas cosas y William Chittick traduce y comenta las enseñanzas Sufí enThe Sufí Path of Knowledge(El Camino Sufí del Conocimiento). Lo siguiente son extractos de las observaciones de Al-'Arabi y del Sr. Chittick, y no voy a saturar el texto diferenciándolos. (¡Sólo lean el libro!):
"¿Son iguales," pregunta el Corán, "los que saben y los que no saben?" (39:9)
El conocimiento es una cualidad divina que todo lo comprende, así que es la recompensa más excelente de Dios... Para el hombre, buscador de conocimiento, la adquisición del conocimiento no tiene fin, puesto que los objetos del conocimiento no tienen fin. Éste es el secreto de la felicidad del hombre. El conocimiento, el bien más grande, es también la alegría más grande y el placer más grande. La trayectoria interminable de la vida del hombre en el siguiente mundo tiene que ser explicada en términos de su constante crecimiento en el conocimiento.
Para los felices, este conocimiento es totalmente congruente y armonioso con sus propias almas, que se han formado en este mundo a través de la fe y la práctica, y por lo tanto cada incremento de conocimiento es un incremento de felicidad. Para los desgraciados, el conocimiento de las cosas como realmente son, es una mordaz tortura, puesto que contradice sus creencias y prácticas en este mundo. Cada nuevo conocimiento - cada nueva revelación, reconocida ahora por lo que es - es una nueva miseria.
La revelación otorga conocimiento sobre la situación real.
¿Y qué es lo que vemos?
Vemos que Dios se manifiesta realmente en las formas que conforman el contenido del cosmos y de nuestras mentes. Dios se "imagina" Él mismo en todas partes; dondequiera que miremos, percibimos Su "sueño." Por lo tanto, amamos a Dios en todo lo que amamos. Dios se revela a Sí mismo en cada forma, haciendo así necesario que lo amemos en cualquier forma que amemos. Por lo tanto, todo el Cosmos es noble en lo que se refiere a su sustancia. No hay ninguna jerarquía en primacía dentro de él. Una larva y el Primer Intelecto son iguales en excelencia de la sustancia. La clasificación se manifiesta solamente dentro de las formas, que son las características de los niveles.
El Barzakh o la Respiración del Todo es una entidad que no es ni Ser ni nada; es la imaginación, que es Él/no Él. En este reino intermediario, cada atributo vuelve necesariamente a Dios, que es la fuente de cada realidad, incluso la realidad de la "no existencia."
El Todo experimenta la fluctuación en estados para hacer manifiestas nuestras entidades, así como el número "uno" experimenta la fluctuación en los niveles de los números para hacer manifiestas sus entidades.
¿Cuál debe ser supuestamente nuestra respuesta a esta acción de ver?
La justicia es poner todo en el lugar apropiado, mientras que la sabiduría es actuar de forma apropiada en cada situación. La actividad apropiada es imposible sin el discernimiento de las relaciones correctas. El "sabio" o el "poseedor de la sabiduría" es Él que hace lo que es apropiado para lo que es apropiado como es apropiado.
El profeta dijo, "Dale a todo aquel que tiene un derecho, su derecho." Aquí el término puede también traducirse como "lo que se merece". El derecho de una persona o de una cosa es lo que se merece en base a su naturaleza y en armonía con la Ley.
La persona que da a cada cosa lo que se merece no sólo es sabia, sino también cortés.
La raíz Divina de la cortesía es que Dios crea el mundo para manifestar las propiedades de Sus nombres, y cada nombre requiere situaciones específicas. Entre estos nombres están las "causas secundarias," o las "cosas creadas" del Cosmos. Dios ha establecido las causas secundarias para un propósito, y el hombre cortés da a cada una lo que se merece. Esto significa dejar a cada realidad que desempeñe la función que le corresponde. La persona que desea "abolir" las causas secundarias demuestra descortesía hacia Dios.
El hombre divino de cortesía es aquél que afirma lo que Dios ha afirmado en el lugar donde Dios lo ha afirmado y en la manera en la que Él lo ha afirmado.
Dios no estableció las causas secundarias sin objetivo. Él quiso que estuviésemos a favor suyas y que confiáramos en ellas con una confianza divina. La Sabiduría Divina lo enuncia así... Entonces el divino y cortés sabio es aquél que pone las causas secundarias donde Dios las ha puesto. Nadie suprime las causas secundarias excepto aquél que ignora que Dios las ha puesto allí. Nadie afirma las causas secundarias excepto un gran maestro erudito, un hombre de cortesía que conoce a Dios.
El sabio entre los sirvientes de Dios es aquél que pone cada cosa en su lugar y no la sitúa más allá de su nivel. Él da a cada cual lo que le corresponde, y nada juzga según su deseo individual o su capricho. El sabio muestra consideración por el domicilio en donde Dios lo ha colocado por un tiempo establecido y considera, sin incrementar ni reducir, el cuadro de actividad dentro de ese domicilio que Dios ha colocado para él en la Ley. Entonces él camina de la manera que le han explicado y nunca deja que la Escala que ha sido colocada para él en este domicilio caiga de sus manos.
¿Cómo llega uno a saber lo que algo realmente es en su raíz, y qué es lo que se merece?
Él llega a conocer la forma de la situación al atestiguar su propia existencia.
Es decir aprendemos a "montar en bicicleta" manejándola. Al hacer preguntas sobre el universo sinceramente, sin prejuicios, suposiciones, o expectativas, nuestras vidas comenzarán a "formar" la respuesta.
Es decir: los acontecimientos, circunstancias, relaciones en nuestras vidas son el Reflejo de la Presencia de lo REAL. Aprendiendo a leer los signos, los símbolos de nuestra realidad, adquirimos esta capacidad de "dar a cada cosa su valor." El hombre cuya alma es un espejo sin distorsión, es el verdadero hombre de felicidad. Abu Bakr escribió "nunca he visto algo sin ver a Dios primero."
El poseedor de esta revelación llega a saber que él siempre está creando y que siempre ha sido así, aunque no era consciente. Pero no se trata de que él "siempre esté creando" desde su propia voluntad y deseos limitados, sino más bien que él viene a saber que el todo siempre está creando a través de él, aunque él podría no haberlo sabido previamente.
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