
© Cleckley
Muchos de los telespectadores que han disfrutado de
Mindhunter, uno de los últimos estrenos de Netflix, han quedado literalmente noqueados con las entrevistas de Holden Ford, el agente especial del FBI, a diversos asesinos en serie. La ambientación, los diálogos, las interpretaciones, todo destila un espanto sombrío y genuino que remite al personaje de Hannibal Lecter en aquella majestuosa obra maestra de Johnattan Demme, El silencio de los corderos. Con la diferencia de que el monstruo encarnado con soberbia maestría por Anthony Hopkins era una criatura de ficción, mientras que Jerry Brudos o Richard Speck fueron seres humanos de carne y hueso cuya psicología resulta casi inconcebible. Con sus entrevistas, Holden Ford intenta penetrar en el abismo del mal, comprender las motivaciones, los modelos de conducta, el entorno familiar, los disparaderos y las pautas en que se forjaron tales criminales. No para justificarlos sino para comprenderlos, para intentar esbozar un mapa, una tipología y unas herramientas que permitan prevenir su aparición e intentar atraparlos cuanto antes.
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